Un genuino avivamiento

 
 
Rev. Luis M. Ortiz
 
Para lograr un genuino avivamiento Dios nos pide que hagamos cuatro cosas: que nos humillemos, que oremos, que busquemos su rostro, y que dejemos todo mal camino.
“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.” 2 crónicas 7:14.
 
Mucho se habla de avivamiento, pero por la manera como se habla y se actúa para lograrlo y manifestarlo, muy pronto uno advierte que no es el avivamiento bíblico, el verdadero Pentecostés que viene de arriba hacia abajo, sino que es un avivamiento elaborado por el hombre, un avivamiento de abajo hacia arriba, sin pagar el precio que Dios exige y que, por lo mismo, muy pronto se desvanece como las burbujas de jabón.
 
Tristemente, hay que decir que, uno se da cuenta muy pronto que es un avivamiento con emblemas paganos como la cruz quebrada y con indumentaria chabacana y ridícula; un avivamiento mezclado con mariolatría, con rezos, idolatría y santería; un avivamiento de salsa musical y de festivales musicales; un avivamiento de música agolpada de ritmos y conjuntos musicales de la nueva ola; un avivamiento de fiestas, giras, pasadillas, comidas y banquetes; un avivamiento de dramas, melodramas, comedias y tómbolas; un avivamiento de paradas, de sentadas, de corridas, de acostadas, menos de arrodilladas; un avivamiento de métodos y recursos mundanos, con ropajes de cristianos; un avivamiento de demostraciones de fuerza numérica y de fuegos artificiales; un avivamiento de grandezas humanas e influencia política; un avivamiento comercializado.
 
Un avivamiento de fuego extraño, manifestaciones raras, y enseñanzas y prácticas heréticas; un avivamiento con protagonistas livianos, indignos, envueltos en fornicación, adulterio, divorcio y recasamiento; un avivamiento de neófitos y aventureros que ridiculizan y profanan la obra del Espíritu Santo; un avivamiento de llamamientos a granel, enviando hasta narcómanos para la obra misionera en el exterior; un avivamiento de reparto y distribución caprichosa de dones y de ministerios; un avivamiento con falsos mensajes en profecía que al no cumplirse traen confusión y descrédito para el Evangelio; un avivamiento de vanos sueños, visiones, revelaciones, alucinaciones y hasta apariciones de un Cristo que tergiversa la Sagrada Escritura y que muestra debilidades y flaquezas humanas. Todo esto y mucho más se pueden ver con la etiqueta de avivamiento y de Pentecostés primitivo.
 
Y lo más triste es que hay mucho pueblo que por falta de conocimiento de la Palabra de Dios y de la verdadera obra del Espíritu Santo sigue tras estas veleidades, embelesos y simulaciones. Claro, en medio de esta barahúnda de cosas, y a pesar de personas y cosas, Dios salva, sana y obra milagros. Si se predica que Dios salva y el que oye cree la Palabra de Dios, Dios honra su Palabra y salva al que cree aunque el que predique no sea salvo. En cierta ocasión Dios usó a una asna para predicarle a un profeta desobediente (Números 22). Sobre esto Jesús dice: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:22-23).
 
A ningún hermano temeroso de Dios, con conceptos elevados de la obra de Dios, que conoce la Palabra de Dios, la voluntad de Dios y la obra del Espíritu Santo, le interesa para nada esa salsa de avivamiento de nuevo cuño; porque sabe que para el verdadero avivamiento, para el avivamiento bíblico que viene del cielo, hay que pagar un precio muy elevado que Dios exige, helo aquí: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).
 
Como se ha visto, hay mucha gente haciendo muchas cosas para un avivamiento. Pero aquí Dios nos pide que hagamos cuatro cosas: que nos humillemos, que oremos, que busquemos su rostro, que dejemos todo mal camino.
 
1. “SI SE HUMILLARE MI PUEBLO”
 
Lo primero que Dios menciona es HUMILLARSE. No que lo humillen a uno, sino que uno mismo se humille, esto parece ser lo más difícil, por eso está como primer requisito para un avivamiento. Cumplido este requisito los demás resultan más fáciles, si no se cumple con este requisito de humillación, todo lo demás resulta inútil.
 
A veces oramos: Señor humíllame. Pero Dios no lo hará por nosotros. Dios dice que nosotros tenemos que hacerlo por nosotros mismos, porque Dios u otro podrían humillarnos, pero por dentro nosotros seguiremos sin humillación.
 
A Pedrito la maestra tenía que mandarlo a sentar continuamente porque le gustaba caminar por el salón de clases. Un día la maestra lo tomó por los hombros, y lo removió y lo sentó en su asiento. Al rato la maestra le preguntó al niño: ¿Cómo te sientes Pedrito? A lo que respondió Pedrito: Por fuera sentado, pero por dentro parado. A Pedrito lo humillaron, pero Pedrito no se humilló.
 
La humildad o humillarse a sí mismo es un acto que procede de nuestro interior y es voluntario. Si uno no escoge humillase a sí mismo pueden humillarlo hasta el polvo, pero todavía queda tan orgulloso como un pavo real. Este es el primer requisito, la primera condición que Dios exige: humillación. Someternos a Dios, a su Palabra, a su autoridad. La misma Palabra de Dios a la cual tenemos que someternos, dice: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos…” (Hebreos 13:17). También dice: “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Efesios 5:21).
 
Humillarse o ser humilde es una virtud que resulta del reconocimiento de nuestra necesidad, de nuestra insuficiencia. Para esto tendremos la ayuda y el socorro del Señor, pues Dios “da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). Dice la Biblia: “Mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir despojos con los soberbios” (Proverbios 16:19).
 
Todas las virtudes de Cristo son maravillosas, pero la que más me conmueve es su humildad. “El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse; sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:6-9).
 
Sí amados, “porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos” (Salmo 138:6). El humillarse es pues el primer requisito divino para un verdadero avivamiento.
 
2. “Y ORAREN”
 
El segundo requisito es ORAR, pero no es cualquier oración, es la oración después de la humillación. La humillación abre la puerta a la verdadera oración, orar sin humillación acarrea mayor condenación. El Fariseo del pasaje bíblico oraba sin humillarse y no fue justificado (Lucas 18:10-14).
 
De Cristo la Biblia dice que “en los días de su carne (que son los días de su humillación), ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas” (Hebreos 5:7), y dice también que Cristo “estando en agonía (en el Getsemaní), oraba más intensamente” (Lucas 22:44). Cristo oraba con agonía e intensamente, y fue esta clase de oración que hizo posible el calvario, es esta la clase de oración que hará posible un genuino avivamiento.
 
La oración con agonía y humillación es el arma más poderosa que tiene la Iglesia. Hoy día hay muchas iglesias, hay mucha organización, mucha planificación, mucha legislación, mucha elección, mucha preparación, mucha promoción, mucha diversión, y hasta mucha indigestión, pero muy muy poca oración con humillación.
 
Pidamos a Dios que levante hombres y mujeres, predicadores y laicos que oren con agonía y en humillación. Cuando sepamos cómo humillarnos, cómo agonizar en la oración, habrá un verdadero avivamiento.
 
3. “Y BUSCAREN MI ROSTRO”
 
El tercer requisito que Dios exige es BUSCAR SU ROSTRO. Buscar el rostro de Dios va mucho más allá que orar. Buscar el rostro de Dios es tener y mantener perfecta comunión con Dios, es entrar en el lugar santísimo, es esperar en Dios, permanecer en su presencia, contemplar su hermosura, saturarnos de su gloria y entonces, “nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).
 
El buscar y encontrar el rostro de Dios no se logra a la carrera, requiere tiempo, dedicación y diligencia. Es el tercer requisito para un verdadero avivamiento. “Bueno es Jehová a los que en Él esperan, al alma que le busca” (Lamentaciones 3:25).
 
4. “Y SE CONVIRTIEREN DE SUS MALOS CAMINOS”
 
El cuarto requisito para un genuino avivamiento es que ABANDONEN SUS MALOS CAMINOS. ¿Malos caminos? Siempre pensamos en los malos caminos de los de afuera: del alcohólico, del narcómano, del adultero, del asesino, del ladrón. Pero aquí habla de los malos caminos del pueblo de Dios. Los obstáculos para un verdadero avivamiento no están fuera de la Iglesia, nunca han estado fuera de la Iglesia, están adentro. No tenemos tiempo ni espacio para mencionar todos los malos caminos que pueden existir en el pueblo de Dios. Pero cuando nos humillamos en la presencia de Dios, cuando oramos con agonía, cuando buscamos y encontramos el rostro de Dios entonces nos es fácil ver y abandonar los malos caminos. Cuando una persona se justifica y dice que no tiene ningún mal camino, ninguna falta, está diciendo cuán lejos está de Dios. Mientras más nos allegamos a la santidad de Dios y a su divino rostro mejor nos damos cuenta de nuestra bajeza y de nuestra indignidad.
 
Amados, y después que nosotros damos esos cuatro casos que: nos humillamos, oramos, buscamos el rostro de Dios, y abandonamos todo mal camino; entonces y, solamente entonces, Dios oirá desde los cielos, pues, “al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17). Dios no oye toda oración, Dios no oye pecadores, muchas oraciones no pasan del techo del templo o de la casa.
 
Entonces, y solamente entonces, Dios perdonará el pecado, el pecado de la Iglesia, el pecado oculto que sale a la luz, que es confesado y abandonado. Entonces, y solamente entonces, Dios sanará nuestra tierra. Esto de que Dios sanará nuestra tierra está incluida aquí la Iglesia y toda la nación en todas sus esferas, habrá un verdadero avivamiento, un derramamiento del Espíritu Santo que afectará en forma bienhechora a toda la nación, a todas las instituciones desde la más alta magistratura de la nación, hasta el más modesto ciudadano, desde el más elevado centro académico hasta el analfabeta.
 
Con un mundo que está agonizando, azotado por la crisis moral más horrenda de su historia, con el hogar y la familia desquebrajada, con la alarmante ola de asaltos, robos, incendios, crímenes, con la inmoralidad, el sexualismo rampante. Por eso, es imperativo que el pueblo de Dios se humille, ore, busque el rostro de Dios, abandone sus malos caminos para que Dios sane la tierra de tanta villanía. La responsabilidad es del pueblo de Dios, dijo Cristo: “Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo…” (Mateo 5:13-14).
 
El remedio seguro para un mundo en crisis y una civilización decadente está precisamente en las manos de la Iglesia de Cristo. El camino único, para un verdadero avivamiento sin veleidades, sin embelesos, sin simulaciones e imitaciones, está señalado. “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).
 
Invito a todos a los lectores en el nombre del Señor, sean convertidos o inconversos, a humillarnos, a arrodillarnos ahora en la presencia de Dios, a quebrantar nuestro corazón, a buscar el rostro de Dios, a abandonar todo mal camino para que Dios nos oiga, nos perdone y nos dé un poderoso avivamiento, un glorioso derramamiento del Espíritu Santo en nuestra vida, en nuestra Iglesia, en nuestra comunidad, en nuestra nación. Amén.

Antes que el día decline

 
Rev. Luis M. Ortiz
 
La misión de la iglesia son las misiones. Su tarea suprema es la evangelización.
 
Únicamente para esto ha sido dejada en el mundo, empero no significa convertir al mundo, pues esto no se logrará en esta dispensación. No se nos ha ordenado a traer el mundo a Cristo, sino más bien a traer a Cristo al mundo. Puesto que esta es nuestra encomienda, jamás deberíamos desviarnos hacia menores metas y proyectos secundarios.
 
Permitamos que la Iglesia utilice todos sus hombres y sus miedos en la tarea para la cual ha sido comisionada, esto es, “que el arrepentimiento y el perdón de pecados sea predicado en Su nombre en todas las naciones” (Marcos 16:15).
 
Jesús dijo: “Me seréis testigos” (Hechos 1:8). Esa es la responsabilidad de cada creyente. ¡Cada creyente es un testigo! Cada cristiano tiene la responsabilidad de hacer trabajo evangelístico y esa responsabilidad no tiene límites. Todo cristiano debe estar siempre listo para dar su testimonio en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Cada cristiano tiene la responsabilidad de hacer llegar el Evangelio a todo el mundo. Quien no pueda ir personalmente, tiene que enviar a otro en su lugar. Y es aquí donde el creyente ha fallado: que al no ir tampoco ha enviado a otro en su lugar, y por eso, más de la mitad de la población del mundo, jamás ha oído el Evangelio.
 
Es evidente que estamos en el final del tiempo señalado a la Iglesia por el Señor para el cumplimiento de su tarea, y el trabajo que debió haber sido hecho a través de los siglos, ahora hay que acelerarlo antes que el día decline del todo.
 
Este espíritu de urgencia es el que nos anima a ir por todo el vasto mundo llevando el mensaje de salvación, y es el que nos mueve a llamar al corazón del pueblo de Dios, para que todos nos percatemos de las sombras de la noche que ya se avecinan, y aprovecharemos el breve tiempo que nos resta para realizar la más grandiosa labor de la historia en el más corto tiempo posible. “La noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4).
 
Si su corazón late con más intensidad al pensar en los centenares de millones de vidas en el mundo que aún no han conocido camino de paz, que sus veredas son torcidas, que han esperado luz y no tienen luz, que palpan la pared como ciegos, que tropiezan al mediodía como de noche, que gimen lastimeramente como palomas, que han esperado salvación y aún está lejos (tan lejos como esté usted); y si el Espíritu Santo le impele a usar el máximo de sus recursos en un esfuerzo misionero, entonces yo le exhorto a cooperar en estos modestos esfuerzos del Movimiento Misionero Mundial, y participe en este avance final para ganar almas para Cristo antes que el día decline.

CONVENCIÓN NACIONAL DEL MOVIMIENTO MISIONERO MUNDIAL EN COLOMBIA 2012 – CUARTO SERVICIO

TEMA: JEHOVÁ CUMPLIRÁ SU PROPÓSITO EN MI. PREDICADOR: REVERENDO DAVID ECHALAR. DEL 9 AL 13 DE ENERO DEL PRESENTE AÑO SE CELEBRÓ LA CONVENCIÓN NACIONAL DEL MOVIMIENTO MISIONERO MUNDIAL EN COLOMBIA, ESTE AÑO SE ESTA TRABAJANDO BAJO EL LEMA SOMETIMIENTO 2012.
 
 

El Ofrecimiento Voluntario

 
Rev. Alberto Ortega
 
“Tras éste, Amasías hijo de Zicri, el cual se había ofrecido voluntariamente a Jehová, y con él doscientos hombres valientes.” 2 Crónicas 17:16.
 
El rey Josafat fue un hombre clave en el reino de Judá. Su triunfo fue tanto interno como externo, es decir, dentro y fuera de sus fronteras. Primeramente se ocupó de la seguridad física de sus súbditos: “Puso ejércitos en todas las ciudades fortificadas de Judá, y colocó gente de guarnición en tierra de Judá, y asimismo en las ciudades de Efraín que su padre Asa había tomado.” (2 Crónicas 17:2).
 
Luego, le dio prioridad a la restauración espiritual de la nación, un proceso que Josafat inició por medio de su propio ejemplo: “Y Jehová estuvo con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de David su padre” (2 Crónicas 17:3).
 
Cuando consideremos la vida de Josafat, vemos una persona con proyecciones claras, con visión, éxito y victoria. Pero, detrás de cada persona que reúne tales cualidades, siempre hay otras vidas que se unieron a ella, e hicieron posibles esos logros. Estas personas, tras bastidores, se entregaron a los propósitos de Dios, y por ende, fueron útiles en el entorno del liderazgo que los presidia. Estos hombres ocuparon unas posiciones claves en la defensa, en el progreso, y en la bendición del reino al lado del que los lideraba.
 
A veces, pensamos que el poderío económico es la clave del éxito, aunque indudablemente, toda Obra necesita fondos para crecer y expandirse. Sin embargo, después de la insustituible presencia y la bendición de Dios, la clave del éxito estriba en la calidad de los hombres que están integrados dentro de la Obra.
 
Aquellos hombres eran conocidos tantos por los rangos que ocupaban en el seno del ejército, como también por sus cualidades morales. Por ejemplo Adnas, era general; Johanán, era jefe; Eliada, era un hombre muy valeroso. Pero cuando las Escrituras mencionan a Amasías, estas indican que aquel: “se había ofrecido voluntariamente a Jehová, y con él doscientos mil hombres valientes” (2 Crónicas 17:16). Amasías es conocido en el registro bíblico como el hombre del ofrecimiento voluntario, dicho de otra manera, nadie le sugirió, le obligó, le suplicó, ni lo forzó, sino que él se ofreció voluntariamente a Jehová. Este ofrecimiento a Dios lo llevó, junto con otros hombres, a las más altas esferas del liderazgo cercano al rey.
 
Amasías no ofreció a Jehová para obtener un rango o una posición, sino que su ofrecimiento fue una entrega simple e incondicional a Dios, y para lo que el Señor dispusiera con su vida. Este tipo de entrega hace que Dios se agrade de una persona, disponga de ella, la forme, haga planes con ella; y luego la ubique en el lugar donde todos los que están envueltos en un mover específico de Dios la consideren y le encarguen una labor concreta.
 
Pese a esto, el alcance que tuvo Amasías no termina ahí. En efecto, leemos: “y con él doscientos mil hombres valientes.” Esto significa que su ejemplo motivó, influenció e inspiró a otros doscientos mil hombres. Es que el ofrecimiento voluntario es una semilla que produce a su vez otros ofrecimientos voluntarios, y otras entregas incondicionales.
 
Amados, Dios sigue motivando, llamando a otros Amasías para estos días… ¿Acaso serás tú uno de los que se entreguen voluntariamente en las manos del Señor para estos días? ¿Te ofreciste voluntariamente, pero te volviste hacia atrás? ¿Por qué no renuevas hoy tu ofrecimiento voluntario? Dios está contando contigo para tu iglesia local o para Su obra. Levanta en este instante una oración al Dios del cielo, ofrécete voluntariamente a fin de que Él te tome en Sus benditas manos. Amén.

Rev. Luis Meza Bocanegra – La globalización y el sistema del anticristo

El Rev. Luis Meza Bocanegra, Convertido desde muy joven al Cristianismo y hoy un siervo de Dios, Nos Comparte este Tema “La globalización y el sistema del anticristo”, Vealo que será de gran bendición para su vida.
 
 
 

Rev. Luis Meza Bocanegra – El sacerdocio

El Rev. Luis Meza Bocanegra, Convertido desde muy joven al Cristianismo y hoy un siervo de Dios, Nos Comparte este Tema “El sacerdocio”, Vealo que será de gran bendición para su vida.
 
 
 

Rev. Luis Meza Bocanegra – Conocete a ti mismo

El Rev. Luis Meza Bocanegra, Convertido desde muy joven al Cristianismo y hoy un siervo de Dios, Nos Comparte este Tema “Conocete a ti mismo “, Vealo que será de gran bendición para su vida.
 
 
 

El príncipe de los predicadores

 
 
 
Bendecido con una oratoria peculiar. Una voz que estremecía auditorios y corazones. Un hombre que supo conducir a tantos pecadores de las tinieblas a la luz. George Whitefield, encabezó el primer avivamiento evangélico conocido como “El Gran Despertar”.
 
Dueño de una voz que se podía escuchar con perfección a un kilómetro de distancia, a pesar de su débil constitución física y persistentes problemas en su sistema respiratorio, George Whitefield es uno de los cimientos más macizos del cristianismo moderno. Su palabra, expresiva y dramática, tan potente como un relámpago, influyó sobre miles de personas, como pocos predicadores lo han conseguido, y se erigió como el estandarte del “Primer Gran despertar” o “El Gran Despertar”, aquel movimiento de revitalización evangélica que se extendió por Europa y las colonias británicas de América entre 1730 y 1740, y que marcó a los seguidores de Jesucristo de todo el mundo.
 
Nacido el 16 de diciembre de 1714, en Gloucester, Inglaterra, Whitefield desde muy tierna edad sintió una gran atracción por Dios y por la Biblia. Educado por su madre, debido a que su padre murió cuando él apenas tenía tres años de edad, se consagró al estudio de las Escrituras en medio de una infancia trabajosa en la que debió laborar junto a ella en una pensión en la que limpiaba los cuartos, lavaba la ropa y vendía bebidas. Conocido en la escuela a la que asistía como el “Orador”, estudiaba y preparaba sermones. Sin embargo, de forma natural, su elocuencia y espontaneidad lo llevaron a sobresalir por encima del resto de sus compañeros y le valieron para dedicarse por un tiempo a la actuación y el teatro.
 
A la edad de dieciocho años fue admitido por el Pembroke College de Oxford. Sin embargo, como carecía de medios económicos para cubrir su matrícula, su ingreso a una de las universidades más prestigiosas del planeta fue en calidad de “servitor”, la categoría más baja entre los estudiantes de esa casa de estudio, por lo que fue asignado como “asistente” de un número de estudiantes de mayores recursos. Debido a esta situación, común en esa época, tuvo que cumplir con la obligación de despertarlos, sacar lustre a sus zapatos, cargar sus libros y hasta redactar sus trabajos académicos. Empero, también tuvo tiempo para formar parte del “Holy Club”, una organización cristiana que se reunía en Oxford, donde conoció a John Wesley y Charles Wesley.
 
Apasionado de las Escrituras y la sana doctrina, George Whitefield entregó su vida de forma definitiva al Creador en la Semana Santa de 1735. Tiempo después, el 20 de junio de 1736 luego de consolidar su fe en el Todopoderoso, fue ordenado como Pastor de la Iglesia de Inglaterra. Y fue allí, en ese preciso instante, que el Señor ganó a uno de sus siervos más destacados e ilustres del siglo de las luces. Mas Whitefield, a quien algunos historiadores religiosos denominaron como “la primera celebridad moderna”, por el amplio reconocimiento popular que alcanzó, tuvo que sufrir el desprecio de muchos cristianos ortodoxos para cumplir con éxito la misión que le encomendó el Creador: llevar Su Palabra a la mayor cantidad posible de gente de toda la tierra.
 
AMÉRICA, EL GRAN DESTINO
 
Así George partió en 1737 rumbo a América para predicar la Palabra de Dios en Savannah, Georgia, por invitación y sugerencia de los hermanos Wesley. Al poco tiempo, luego de fundar un orfanatorio para los niños desposeídos de Norteamérica, regresó a Inglaterra con el objetivo de reunir fondos para su iniciativa y comenzó a difundir los Evangelios al aire libre con una gran acogida que le valió el repudio de sus pares más tradicionalistas. Incomprendido, postergado y marginado, incluso fue víctima de una protesta por parte de un grupo de creyentes que no compartían sus métodos de evangelización. Bajo el amparo divino, y para la ira de su voz se dejó oír en Moorfields, Kennington, Blackheath y otros barrios de Londres y captó la atención de muchos miles de mundanos que a través de su vehemente oratoria conocieron las buenas nuevas.
 
Una vez que reunió un fondo de mil libras para su orfanato, Whitefield regresó en 1739 al continente americano. Lejos de su tierra, en Savannah, inmensas multitudes los escucharon mientras terminaba de darle forma a un proyecto que se mantiene vigente hasta el día de hoy. El 25 de marzo de 1740, en plena efervescencia de la esclavitud, puso el primer ladrillo de su institución y cuando el edificio se completó lo bautizó como “Bethesda”. Con el tiempo, este centro se transformó en el único medio de sustento de innumerables niños huérfanos por quienes Whitefield luchó. Entretanto, al lado del estadounidense Jonathan Edwards, participó de la fundación del movimiento evangelista que más tarde se conoció como “El Gran Despertar”.
 
En una época desprovista de medios de transportes veloces, cuando cruzar el Océano Atlántico era una aventura larga y peligrosa, George visitó América en siete oportunidades y completó trece travesías transatlánticas con la única misión de propagar las enseñanzas del Señor. Por cierto, algunos autores estiman que a través de su vida pastoral, Whitefield predicó más de dieciocho mil sermones formales e incluso detallan que, incorporando los mensajes informales, el número podría elevarse a más de treinta mil. Además, visitó en misión cristianizadora las Bermudas, Gibraltar, los Países Bajos y realizó quince viajes a Escocia y dos a Irlanda. Asimismo, se calcula que predicó por los menos a unos diez millones de personas en sus treinta y cuatro años de ministerio.
 
PREMATURA PARTIDA
 
Whitefield no fue un predicador común. A diferencia de la mayoría de los predicadores de su tiempo, utilizó la espontaneidad y desechó los mensajes prefabricados a la hora de ministrar la Palabra. Gente tan diversa como el científico Benjamín Franklin, el filósofo David Hume y el autor inglés John Newton, dieron testimonio de la belleza y eficacia de su oratoria. El destacado abogado británico, James Hamilton, lo describió como el príncipe de los predicadores ingleses. En un ambiente de escepticismo, personas de clase media y baja principalmente, se emocionaron, lloraron, oraron, dirigieron sus ojos al cielo, y sufrieron convulsiones bajo los efectos de sus predicas. La claridad de su lógica, la grandeza de sus concepciones y la belleza de sus frases sencillas cosecharon muchas almas para la viña del Señor.
 
Víctima del asma, durante su séptimo viaje a América, George Whitefield partió de este mundo la mañana del sábado 30 de septiembre de 1770, dos meses y medio antes de cumplir cincuenta y seis años de vida.
 
Según su propio deseo, fue enterrado bajo el púlpito de la “Old South Presbyterian Church” de la ciudad de Newburyport, Massachusetts, con la asistencia masiva del pueblo de Cristo. John Wesley, uno de sus mejores amigos, predicó un discurso conmemorativo en sus exequias en el que destacó sus virtudes y valor.
 
En tal ocasión, Wesley, fundador del movimiento metodista, al final de su intervención dejó una pregunta que hasta la actualidad resume quien fue Whitefield: “¿hemos leído o sabido de alguien que haya sido un instrumento de bendición en sus manos para conducir a tantos pecadores de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios?”

Rvdo. Rodolfo Gonzalez Cruz – Poder sobre toda fuerza de Iniquidad

 
Rev. Rodolfo González Cruz
 
Durante el ministerio de nuestro Señor Jesucristo los demonios no se detuvieron, sino que atacaron la Obra de Dios.
 
Durante muchos años estos ataques han sido contra aquellos que han anunciado la sana doctrina. Algunos pastores y creyentes, usados por el diablo, se han levantado para estorbar y difamar la Obra de Dios. Pero no se olvide, Él nos ha dado autoridad sobre toda fuerza del maligno.
 
“El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.” Juan 14:12.
 
En una convención, en la ciudad de Bayamo-Cuba, con el Siervo de Dios, Rev. Luis M. Ortiz, su esposa Rebeca y un gran número de pastores, se derramó la gloria de Dios. Lenguas repartidas como de fuego aparecieron en aquel lugar, visiones y apariciones sobrenaturales; Dios mostró a muchos hermanos que esta Obra se extendería por el mundo entero.
 
Las visiones mostraron barcos que llegaban llenos de demonios para estorbar el plan de Dios; y en esta revelación se veía que los pastores iban avanzando por los países, conforme avanzaban aparecían delegaciones demoníacas tratando de detener el trabajo, pero no podían lograrlo porque los misioneros seguían avanzando. Lo terrible es que comenzaron a aparecer pastores, que junto con los demonios, querían detener la labor de Dios, pero la Obra seguía avanzando.
 
Efesios 6:12, nos dice: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” Durante el ministerio de nuestro Señor Jesucristo los demonios no se detuvieron, atacaron, avanzaron; pero Cristo avanzó más. Algunos pastores y creyentes se han levantado para estorbar y difamar la Obra de Dios. Eso no es nuevo, lo hicieron con Jesucristo; en aquellos tiempos los líderes religiosos dijeron de Jesús: “Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios” (Lucas 11:15).
 
Jesús dijo a sus discípulos: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:15, 16). “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos” (Mateo 7:21). ¿Cómo reconocemos un verdadero Siervo de Dios? ¿Cómo conoceremos si una denominación que dice ser cristiana, es una verdadera Iglesia de Cristo? ¡Por sus frutos los conoceréis!
 
Él nos da el poder del Espíritu Santo, como dice en Hebreos 6:5, Dios nos ha dado “los poderes del siglo venidero”, poderes sobrenaturales, que no tiene ningún hombre. Jesús dijo: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17, 18). En Juan 14:12, Jesús dice a sus discípulos: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.” Iglesia de Cristo, el Señor nos ha dado autoridad para echar fuera demonios, sanar enfermos, hacer milagros, destruir fortalezas del diablo.
 
Jesús dijo: “Os doy potestad” (Lucas 10:19). La única forma de conmover los pueblos y naciones es llenos del Espíritu Santo. En Hechos 19:2-6, dice que Pablo estaba en Éfeso y encontró a un grupo que no sabían nada del Espíritu Santo, y les dijo: “¿Recibisteis el Espíritu Santo? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento… Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.”
 
Yo era tímido, siendo un jovencito de 16 años, comencé a orar y recibí el bautismo del Espíritu Santo, desde ese instante mi vida fue transformada totalmente, yo recibí un poder sobrenatural, tuve visiones, vi la gloria de Dios, y desde allí empecé a echar fuera demonios y a orar por los enfermos, y ellos eran sanados.
 
Hace algún tiempo tomé el avión para ir a Colombia, desde el Perú, y vi un periódico que decía: “El loco de Tolú fue sanado por un joven pastor”. Era un joven de 18 años, que comenzó a orar con carga porque había visto que todos los días atravesaba la ciudad un loco. Dios le habló en sueños, visiones y por su Palabra; porque el que sana y liberta es Cristo; los brujos, hechiceros, espiritistas y curanderos dicen que sanan pero es una falsedad del diablo, una mentira; Satanás no sana, no resuelve los pleitos, contiendas, peleas, guerras, suicidios, abortos, divorcios. Porque vino “para hurtar y matar y destruir” (Juan 10:10), pero Cristo vino “para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8).
 
Aquel joven comenzó a orar por esta persona durante varios días. Junto a otro jovencito menor que él, ayunaban, oraban y hacían vigilias. Un día, estando en ayuno y oración, Dios le dijo: “Levántate, hoy vas a orar por el loco de Tolú”. Entonces, fueron a la orilla del mar y allí estaba sentado aquel hombre y le comenzaron a hablar, diciendo: “Hemos venido para que Jesucristo te liberte, Él ha dicho que te va a sanar”; imponiéndole las manos, reprendieron a los principados, a las potestades satánicas, y echaron fuera a los demonios y aquel hombre que estuvo 35 años loco, en un instante quedó completamente libre, llorando le entregó su alma a Cristo y fue libre de esas cadenas terribles. Luego llegó a su casa, se bañó y le dijo a su familia: ¡Soy libre!
 
Esa noticia salió en primera plana, en un periódico importante en Colombia, en la página central se encontraba la fotografía del loco de Tolú, como estaba antes y como estaba ahora, y algunos testimonios de los que le conocían. Los que son de Cristo tienen poder, para libertar, para hacer milagros en el nombre de Jesús.
 
Dios está esperando que nos santifiquemos, que hagamos su voluntad y entonces Él manifestará su poder y su gloria a través de nosotros. Si eso no está ocurriendo es porque no se vive en santidad, porque no se está orando. Cristo vino a libertar a los endemoniados, a sanar a los enfermos y hasta resucitar muertos. Decídete a ser lleno del poder del Espíritu Santo de Dios.

Los líderes necesitan ayuda para llevar su carga

 
 
Rev. Gustavo Martínez Garavito
 
“Habló Saúl a Jonatán su hijo, y a todos sus siervos, para que matasen a David… y dio aviso a David, diciendo: Saúl mi padre procura matarte; por tanto cuídate hasta la mañana, y estate en lugar oculto y escóndete…
 
Y Jonatán habló bien de David a Saúl su padre, y le dijo: No peque el rey contra su siervo David, porque ninguna cosa ha cometido contra ti, y porque sus obras han sido muy buenas para contigo; pues él tomó su vida en su mano, y mató al filisteo, y Jehová dio gran salvación a todo Israel… Y escuchó Saúl la voz de Jonatán… Y el espíritu malo de parte de Jehová vino sobre Saúl… Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza a la pared, pero él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y escapó aquella noche. Saúl envió luego mensajeros a casa de David para que lo vigilasen, y lo matasen a la mañana. Mas Mical su mujer avisó a David… y él se fue y huyó, y escapó.” 1 Samuel 19:1-12.
 
Amados, en toda la historia de la humanidad y, especialmente, en lo que concierne a la vida espiritual, está escrito en la Palabra de Dios que Dios desde el principio ha levantado hombres y mujeres otorgándoles liderazgo, capacidades, sabiduría, y les ha encomendado misiones importantes para cumplirlas durante su trayectoria en esta tierra. También se puede ver que, desde el principio Dios colocó al lado de ellos, personas de apoyo, con el propósito de ayudarles en los momentos difíciles.
 
Hoy, en tiempos de mucha crueldad y menosprecio, con una generación materialista, amantes de los lujos y el placer, sin amor, ni afecto, que no saben reconocer la gloria de Dios; se han levantado hombres y mujeres para cada necesidad, con llamamiento, para liderar y llevar adelante un trabajo en determinado lugar del mundo. Asimismo, es necesario que estos hombres y mujeres que Dios ha levantado cuenten con personas cercanas que con lealtad y fidelidad se conviertan en su escudero, dándole ánimo y ayudándole a guardar su testimonio.
 
Una de las cosas que necesita el líder que Dios levanta, son personas de apoyo; primeramente fieles, cuidándolos de los peligros, de la mala voluntad y de muchos falsos “hermanos” que, encubiertamente, se acercan a ellos.
 
El apóstol Pablo fue víctima de esos falsos “hermanos” que, fingiendo amor y deseo de estar con él, al darles la espalda, le traicionaban, le difamaban y se oponían a su ministerio.
 
Por este y otros motivos, se necesitan personas de apoyo, que amen y sean fieles a Dios y a su líder. Los inmediatos a él, sus familiares, son los primeros que deben apoyar la labor del líder. Todos los que están cerca a un siervo de Dios, deben servir fielmente y no dejarse llevar por el diablo, para atacar o destruir.
 
En los versículos leídos podemos ver la actitud de Jonatán. Él era el hijo del rey Saúl, inmediato al trono, tenía motivos de sobra para colaborar con la muerte de David. Mical, su hermana, esposa de David e hija del rey también, podría haber apoyado a su padre y asesinado a David, pero hubo algo en ellos: amaban a David en gran manera; y aunque su padre era el rey, no se aliaron para dañar a David, porque reconocían que era un hombre que Dios había escogido, ungido y levantado. Mantuvieron su lealtad, se negaron a colaborar con su padre, eso es “fidelidad”, ser una ayuda y no una carga.
 
En Éxodo 17:8-16 encontramos, también, el caso de Moisés. La Biblia presenta a este hombre con unas cualidades extraordinarias, increíbles, tenía más de 80 años y conduciendo al pueblo de Israel por el desierto, camino a la tierra prometida, tuvo que pelear con otra nación: Amalec. Moisés dio instrucciones a Josué, servidor suyo, para enfrentar al enemigo, dice la Biblia: “E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.”
 
Aquí la Biblia presenta como hombres escogidos a seres humanos con características normales: débiles, que se cansan, que tienen hambre, que pueden rendirse por la carga. Vemos que Moisés se cansaba también, y era necesaria la presencia de dos hombres que le ayudaran: Aarón y Hur.
 
Era tan real esto, que cuando Moisés levantaba sus manos en señal de adoración a Dios e implorando su favor, Israel tomaba ventaja; pero cuando se cansaba y bajaba los brazos, prevalecía Amalec. Es así que Aarón y Hur se dieron cuenta de la realidad humana de Moisés, que aunque era un hombre de Dios, necesitaba de la fidelidad de sus ayudantes; se dieron cuenta que Dios los había llamado para esa hora, los había puesto cerca; más que un lujo o privilegio, Dios los había unido para que fuesen una ayuda y fortalezcan en determinado momento las manos de Moisés. Se percataron que su líder necesitaba ayuda; que tomaran sus brazos y los levantaran a Dios, entonces ya no eran solamente las manos de Moisés, sino también las de Aarón y Hur, que se levantaban también, para implorar el favor y la gracia de Dios.
 
Fue importante que Aarón y Hur comprendieran que el apoyo era necesario, entendieron que Moisés los requería, se le caían los brazos e inmediatamente prevalecía el enemigo. Mientras Moisés descansaba, bajaba los brazos y se fortalecía, morían israelitas en el campo de batalla, y allí estaban Hur y Aarón, que al ver esto, reaccionaron y dijeron: “El secreto está en que mientras Moisés se mantenga intercediendo, nuestro pueblo prevalecerá, porque Dios está de nuestra parte”. Inmediatamente levantaron sus brazos, y los enemigos empezaron a caer. Pero ellos también se cansaron, entonces colocaron una piedra y lo sentaron, sostuvieron sus brazos e Israel prevaleció, obteniendo una gran victoria.
 
Si supiera usted que importante es su apoyo, su colaboración; que no es mañana, ni dentro de unos años, ¡Es ahora, ahora o nunca!
 
Nunca antes la Obra de Dios había sido tan atacada; por esto, Dios necesita un pueblo unido, fortalecido en las manos del Señor, ¡Dios necesita hombres y mujeres fieles, que sean transparentes, con un testimonio intachable, consagrados, desinteresados, confiables, no asalariados, ni codiciosos, que no se queden con la heredad de Dios, que no se apropien de lo que Dios le ha dado a la Obra: los templos, el dinero de los creyentes, ¡Esto es transparencia, integridad! En esta hora, Dios necesita que sus brazos se levanten y se unan a los siervos de Dios.
 
Hay momentos cruciales dentro de la Obra del Señor, momentos determinantes en los que hay que decidir y ponerse del lado de los hombres de Dios. Si un familiar, por muy querido que sea, está en contra de la Obra, no es su amigo, usted no puede tener comunión con alguien que está haciendo daño a la Obra de Dios. Usted mismo no puede decir que es fiel cuando, en determinado momento, no apoya a quien sostiene la Obra de Dios; si no lo hace, es parte de los adversarios, que quieren ver destruida esta Obra y no desean que se predique este mensaje, definitivo para la salvación del mundo.
 
No nos callaremos mientras haya vida, mientras haya fuerzas, no nos rendiremos, no dejaremos de predicar esta Palabra de santidad, no dejaremos de confrontar al diablo. Los hombres de Dios necesitan el apoyo de colaboradores, para que puedan cumplir las múltiples responsabilidades que le han sido asignadas.
 
En 1 de Samuel 14:1-15, encontramos la acción de otro hombre: el paje de armas de Jonatán. Transcurrían dos años del reinado de Saúl y se presentó una guerra contra los filisteos. El pueblo de Israel estaba temeroso, los filisteos los habían acorralado y desarmado, el versículo 6 detalla: “Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: ven pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos”. Mire usted la respuesta de un verdadero escudero, un verdadero colaborador, dispuesto a ir al sacrificio, con lealtad a su señor: “Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad” (v.7). Él no refutó nada, este hombre respetaba a su líder de tal manera, que no se atrevió a presentar excusa.
 
Entonces Jonatán responde: “Vamos a pasar a esos hombres, y nos mostraremos a ellos. Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros, entonces nos sentaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos. Más si nos dijeren así: Subid a nosotros, entonces subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestra mano; y esto nos será por señal” (vv. 8-10). Dice el versículo 13: “Y subió Jonatán trepando con sus manos y sus pies, y tras él su paje de armas; y a los que caían delante de Jonatán, su paje de armas que iba tras él los mataba”. El paje cubrió la espalda de su señor, no permitió que lo atacaran. Este tipo de personas son los que Dios está buscando.
 
En estos días difíciles, es necesario que se levante una generación valiente que rodee con lealtad a los hombres que Dios verdaderamente ha levantado, que no se acerquen por interés -como en los tiempos de Jesús, cuando la gente lo seguía por los “panes y peces”- , que no busquen “posiciones”, ¡no!, se necesitan personas que digan: “¡Cuente conmigo para lo que sea necesario!”
 
Al escuchar la respuesta de su paje de armas, Jonatán se decidió. Las dudas se disiparon, porque hubo un hombre dispuesto a sostener sus brazos. Jonatán cobro ánimo y alcanzó su propósito: derrotar a los filisteos.
 
Volviendo al pasaje inicial, Jonatán defendió a David, habló bien de él frente a su padre, sabiendo que le incomodaba, jamás hubo una sombra de duda en sus palabras, basó su defensa en la justicia, no en sus sentimientos, ni en sus preferencias. Sabía que David era un hombre justo, escogido por Dios.
 
La posición firme con lo recto depende de nuestro compromiso con Dios y con la justicia, de nuestra comunión con Él.
 
En 1 de Samuel 23:17, Jonatán le dice a David: “No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tu reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe”. Jonatán entendió que David fue ungido en lugar de Saúl; para él, la voluntad de Dios era más importante que el bienestar personal.
 
¡Cuando se es espiritual, no importan el dinero, ni las posesiones; la única gloria que se busca es la de Jesucristo! Es deber del colaborador guardar a su líder en lo espiritual y moral, orar por él, estar atento a sus necesidades, no permitir que nadie le haga daño, estar a su lado para apoyarlo y animarlo a alcanzar sus metas, garantizando su respaldo incondicional; pues es su privilegio.
 
Si usted lee la Biblia, Goliat, el guerrero filisteo, contaba con un escudero. En 1 de Samuel 17:7 se describe parte del armamento de Goliat: “El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y tenía el hierro de su lanza seiscientos siclos de hierro; e iba su escudero delante de él”. Y el versículo 41, refuerza: “y el filisteo venía andando y acercándose a David, y su escudero delante de él”. Pero cuando David lanza la piedra con la honda y mata a Goliat, ¿dónde quedó el escudero? ¡Huyó, como todos los otros! ¡Ese tipo de hombres no valen! ¡Hombres que huyen cuando ven el problema, no sirven!
 
En esos tiempos, el escudero iba delante. En la actualidad, nuestro “escudero colaborador” va detrás; porque delante va nuestro general ¡Cristo, el guerrero por excelencia, poderoso, al que no le tiemblan las piernas!
 
En 2 de Reyes 10:15, Jehú rey de Israel, ejecutando las órdenes que Dios le había encomendado, se encontró con Jonadab hijo de Recab y le dijo: “¿Es recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo? Jonadab dijo: Lo es”; y añade: “Pues que lo es, dame la mano”. Y lo hizo subir al carro consigo.
 
Ha llegado el momento de estrechar la mano de su líder y expresarle las mismas palabras: “¡Estoy contigo, cuentas conmigo, estoy para colaborar! ¡Vamos juntos a la obra misionera! ¡Eso es lo que Dios quiere!”