Jesús sufrió la más dolorosa y dura pena capital

 
 
Jesús sufrió una de las formas más dolorosas y duras de pena capital jamás imaginada. Expertos médicos, historiadores y arqueólogos han examinado en detalle la ejecución que Jesucristo voluntariamente soportó.
 
“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
 
Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él y por su llaga fuimos nosotros curados.
 
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado Él, y afligido, no abrió su boca, como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” Isaías 53:3-7.
 
Todos coinciden en que Él sufrió una de las formas más duras y dolorosas de pena capital jamás imaginada por el hombre. He aquí un breve sumario de algunas cosas que sabemos de la historia, la arqueología y la medicina acerca de sus últimas horas…
 
UN SUFRIMIENTO INTENSO, INCLUSO ANTES DE QUE SE INICIARA LA VEJACIÓN
 
Jesús tenía el peso del mundo sobre sus hombros. Incluso antes de que la crucifixión empezara Él mostraba claramente síntomas físicos relacionados con un intenso sufrimiento. La noche antes de la ejecución sus discípulos dicen haber visto a Jesús en agonía sobre el Monte de los Olivos.
 
No tan sólo no durmió en toda la noche, sino que parece haber estado sudando abundantemente… tan grande era el sufrimiento, que pequeños vasos sanguíneos se rompían en sus glándulas sudoríparas y emitían gotas rojas tan grandes que caían al suelo (Lucas 22:44). Este síntoma de intenso sufrimiento se llama hematohidrosis.
 
Jesús estaba físicamente agotado y en peligro de sufrir un colapso si no recibía líquidos (lo cual aparentemente no sucedió). Este es el hombre al cual los soldados romanos torturaron.
 
TORTURADO Y AZOTADO CON LÁTIGOS ROMANOS
 
Habiendo pasado por manos judías, ahora era el turno de los romanos. Se sabe que los golpes  infringidos por los soldados romanos, eran muy sangrientos, dejando heridas por todo el cuerpo.
 
Los romanos diseñaban sus látigos para cortar la carne de los cuerpos de sus víctimas. Estos golpes fueron creados para ser dolorosos hasta el extremo. También causaría una concentración de líquido alrededor de sus pulmones. Además, una corona de espinas fue impuesta sobre su cuero cabelludo la cual era capaz de irritar gravemente los nervios más importantes de su cabeza, causando un dolor cada vez más intenso y muy agudo, a medida que las horas pasaban.
 
En el estado de sufrimiento de Cristo, estos golpes eran suficientes para matarle.
 
SU CUERPO ESTABA HORRIBLEMENTE MAGULLADO, CORTADO Y SANGRANTE. TRAS NO HABER TENIDO NINGÚN ALIMENTO DURANTE MUCHAS HORAS, Y DESPUÉS DE HABER PERDIDO LÍQUIDOS POR MEDIO DE ABUNDANTES HEMORRAGIAS, JESÚS ESTARÍA GRAVEMENTE DESHIDRATADO. ESTA TORTURA BRUTAL CIERTAMENTE LE HABRÍA LLEVADO A LO QUE LOS MÉDICOS LLAMAN COLAPSO (SHOCK), Y EL COLAPSO MATA.
 
Además, Jesús fue obligado a cargar con el travesaño de madera sobre el cual moriría. ¡Imagine el efecto de llevar con una carga pesada si usted estuviera en esa condición!
 
CRUCIFIXIÓN
 
Al ser colgado completamente desnudo ante la multitud, el dolor y el daño causado por la crucifixión fue concebido para ser tan sumamente intenso que uno anhelaría constantemente la muerte, pero podría perdurar días sin ningún desahogo.
 
Según el Dr. Frederick Zugibe, la perforación del nervio medio de las manos por un clavo puede causar un dolor tan increíble que ni siquiera la morfina sería de ayuda, un dolor intenso, ardiente, horrible, como relámpagos atravesando el brazo hacia la médula espinal. La ruptura del nervio plantar del pie con un clavo tendría un efecto así mismo horrible.
 
Además, la posición del cuerpo sobre una cruz pesada hace extremadamente difícil la respiración.
 
Frederick Farrar describe el efecto torturador pretendido: Porque de hecho una muerte por crucifixión parece incluir todo lo que el dolor y la muerte puedan tener de horrible y espantoso: vértigo, calambres, sed, inanición, falta de sueño, fiebre, tétano, vergüenza, publicación de la vergüenza, larga duración del tormento, horror de la anticipación, mortificación de las heridas no cuidadas; todo intensificado hasta el punto en el que puede ser soportado, pero llegando hasta un poco por debajo del punto que daría al suficiente el consuelo de la inconsciencia.
 
Un médico lo ha llamado “una sinfonía del dolor” producida por cada movimiento, con cada inspiración; incluso una pequeña brisa sobre su piel podría causar un dolor intenso en ese momento.
 
El médico, Dr. Frederick Zugibe, cree que Cristo murió de un colapso debido a la pérdida de sangre y líquido, más un choque traumático por sus heridas, además de una sacudida cardiogénica que causó que el corazón de Cristo sucumbiera.
 
En la hora novena (el instante en el cual un cordero  era sacrificado cada día en el templo judío), Jesús clamó a gran voz, diciendo, “Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?” que traducido es “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” Y poco después murió tras decir “Todo está cumplido”. Más o menos en ese momento es probablemente cuando se hacía sonar el cuerno de carnero sacerdotal ese día, anunciando que el sacerdote había completado el sacrificio del cordero por los pecados de Israel.
 
También en ese momento, la grande y gruesa cortina que cerraba el lugar Santísimo se desgarró de arriba a abajo. Marcos 15:34 y Mateo 27:46.
 
James Thompson cree que Jesús no murió por agotamiento, ni por los golpes o por las tres horas de crucifixión, sino que murió por agonía de la mente la cual le produjo el rompimiento del corazón. Su evidencia viene de lo que sucedió cuando el soldado romano atravesó el costado izquierdo de Cristo. La lanza liberó un chorro repentino de sangre y agua (Juan 19:34). No tan solo prueba esto que Jesús ya estaba muerto cuando fue traspasado, sino que Thompson cree que ello también es una evidencia del rompimiento cardíaco. El renombrado fisiólogo Samuel Houghton cree que tan solo la combinación de crucifixión y ruptura del corazón podría producir este resultado.
 
Cerca del fin, un criminal junto a Él se burló, “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Poco sabía este pecador que el hombre al cual él hablaba estaba colgado allí voluntariamente.
 
Jesús permaneció en su agonía y vergüenza, no porque era impotente, sino por su increíble amor por la humanidad.

Una maestra marcó la diferencia

 
 
 
¿Por qué fue que estos hombres, que habían vivido en un criadero del crimen, habían tenido tan sorpresivamente buen comportamiento? A los investigadores se les dijo una y otra vez: “Bueno, había una maestra…”
 
Hace años un profesor de la Universidad John Hopkin asignó a un grupo de estudiantes graduandos la siguiente tarea: vayan a los tugurios. Tomen a 200 muchachos entre las edades de 12 y 16 años e investiguen su trasfondo y ambiente. Luego predigan sus oportunidades para el futuro.
 
Los estudiantes, tras consultar las estadísticas sociales, hablar con los muchachos y copilar mucha data, concluyeron que el 90 % de ellos pasarían algún tiempo en prisión.
 
Veinticinco años después a otro grupo de estudiantes graduandos se le asignó la tarea de probar la predicción. Volvieron a la misma área. Algunos de los muchachos –para entonces hombres– todavía estaban allí, unos pocos habían muerto, algunos se habían mudado, pero se pusieron en contacto con 180 del grupo original de 200. Descubrieron que solo cuatro del grupo habían sido enviados a la cárcel.
 
¿Por qué fue que estos hombres, que habían vivido en un criadero del crimen, habían tenido tan sorpresivamente buen comportamiento? A los investigadores se les dijo una y otra vez: “Bueno, había una maestra…”
 
Ellos insistieron y descubrieron que en el 75 % de los casos se trataba de la misma mujer. Los investigadores visitaron a esta maestra que ahora residía en un hogar para maestros jubilados. ¿Cómo había logrado ejercer tan sorprendente influencia sobre ese grupo de muchachos? ¿Podría ella darles alguna razón por la que estos muchachos todavía la recordasen?
 
“No”, dijo ella, “realmente no podría”. Y entonces, meditando sobre todos esos años, dijo graciosamente, más para sí misma que para sus interrogadores: “Amé a esos muchachos…”
 
Un gesto, una palabra, un toque, un abrazo o simplemente mirar a los ojos alguien mientras habla, puede marcar la diferencia. Tú has sido puesto en este mundo para hacer la diferencia.
 
“El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas.” Proverbios 10:12.
 
“Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio.” Proverbios 15:17.
 
“Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían.” Cantares 8:7.

La Maleta Vacia

 
”Un hombre murió; al darse cuenta vio que se acercaba Dios y que llevaba una maleta consigo. Y Dios le dijo: Bien hijo es hora de irnos… El hombre asombrado le preguntó a Dios: ¿Ya? ¿Tan pronto? tenía muchos planes. Lo siento hijo pero es el momento de tu partida. ¿Qué traes en la maleta? preguntó el hombre; y Dios le respondió: ¡Tus pertenencias! ¿Mis pertenencias? ¿Acaso traes mis cosas, mi ropa, mi …… dinero?
 
Dios le respondió: no, eso nunca te perteneció, eran de la tierra. ¿Traes mis recuerdos? preguntó el hombre. Esos nunca te pertenecieron, eran del tiempo ¿Traes mis talentos? Esos no te pertenecieron, eran de las circunstancias. ¿Traes a mis amigos, a mis familiares? Lo siento hijo, ellos nunca te pertenecieron, eran del camino. ¿Traes a mi mujer y a mis hijos? Ellos nunca te pertenecieron, eran de tu corazón. ¿Traes mi cuerpo? Nunca te perteneció, ese era de polvo.
 
Entonces, ¿Traes mi alma? ¡No hijo! Esa es Mía. Entonces el hombre lleno de miedo, le arrebató a Dios la maleta y al abrirla se dio cuenta que estaba vacía. Con una lágrima de desamparo brotando de sus ojos, el hombre le dijo a Dios ¿”Nunca tuve nada”? Así es hijo mío. Cada uno de los momentos que viviste fueron solo tuyos. La vida es solo un momento. Que nada de lo que crees que te pertenece te detenga.
 
“ Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” (Colosenses 3:1-2)
 
Es lo único que realmente vale la pena. Las cosas materiales y todo lo demás por lo que luchaste. Se quedan aquí. ¡NO TE LLEVAS NADA!; haz la voluntad de Dios.

Un genuino avivamiento

 
 
Rev. Luis M. Ortiz
 
Para lograr un genuino avivamiento Dios nos pide que hagamos cuatro cosas: que nos humillemos, que oremos, que busquemos su rostro, y que dejemos todo mal camino.
“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.” 2 crónicas 7:14.
 
Mucho se habla de avivamiento, pero por la manera como se habla y se actúa para lograrlo y manifestarlo, muy pronto uno advierte que no es el avivamiento bíblico, el verdadero Pentecostés que viene de arriba hacia abajo, sino que es un avivamiento elaborado por el hombre, un avivamiento de abajo hacia arriba, sin pagar el precio que Dios exige y que, por lo mismo, muy pronto se desvanece como las burbujas de jabón.
 
Tristemente, hay que decir que, uno se da cuenta muy pronto que es un avivamiento con emblemas paganos como la cruz quebrada y con indumentaria chabacana y ridícula; un avivamiento mezclado con mariolatría, con rezos, idolatría y santería; un avivamiento de salsa musical y de festivales musicales; un avivamiento de música agolpada de ritmos y conjuntos musicales de la nueva ola; un avivamiento de fiestas, giras, pasadillas, comidas y banquetes; un avivamiento de dramas, melodramas, comedias y tómbolas; un avivamiento de paradas, de sentadas, de corridas, de acostadas, menos de arrodilladas; un avivamiento de métodos y recursos mundanos, con ropajes de cristianos; un avivamiento de demostraciones de fuerza numérica y de fuegos artificiales; un avivamiento de grandezas humanas e influencia política; un avivamiento comercializado.
 
Un avivamiento de fuego extraño, manifestaciones raras, y enseñanzas y prácticas heréticas; un avivamiento con protagonistas livianos, indignos, envueltos en fornicación, adulterio, divorcio y recasamiento; un avivamiento de neófitos y aventureros que ridiculizan y profanan la obra del Espíritu Santo; un avivamiento de llamamientos a granel, enviando hasta narcómanos para la obra misionera en el exterior; un avivamiento de reparto y distribución caprichosa de dones y de ministerios; un avivamiento con falsos mensajes en profecía que al no cumplirse traen confusión y descrédito para el Evangelio; un avivamiento de vanos sueños, visiones, revelaciones, alucinaciones y hasta apariciones de un Cristo que tergiversa la Sagrada Escritura y que muestra debilidades y flaquezas humanas. Todo esto y mucho más se pueden ver con la etiqueta de avivamiento y de Pentecostés primitivo.
 
Y lo más triste es que hay mucho pueblo que por falta de conocimiento de la Palabra de Dios y de la verdadera obra del Espíritu Santo sigue tras estas veleidades, embelesos y simulaciones. Claro, en medio de esta barahúnda de cosas, y a pesar de personas y cosas, Dios salva, sana y obra milagros. Si se predica que Dios salva y el que oye cree la Palabra de Dios, Dios honra su Palabra y salva al que cree aunque el que predique no sea salvo. En cierta ocasión Dios usó a una asna para predicarle a un profeta desobediente (Números 22). Sobre esto Jesús dice: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:22-23).
 
A ningún hermano temeroso de Dios, con conceptos elevados de la obra de Dios, que conoce la Palabra de Dios, la voluntad de Dios y la obra del Espíritu Santo, le interesa para nada esa salsa de avivamiento de nuevo cuño; porque sabe que para el verdadero avivamiento, para el avivamiento bíblico que viene del cielo, hay que pagar un precio muy elevado que Dios exige, helo aquí: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).
 
Como se ha visto, hay mucha gente haciendo muchas cosas para un avivamiento. Pero aquí Dios nos pide que hagamos cuatro cosas: que nos humillemos, que oremos, que busquemos su rostro, que dejemos todo mal camino.
 
1. “SI SE HUMILLARE MI PUEBLO”
 
Lo primero que Dios menciona es HUMILLARSE. No que lo humillen a uno, sino que uno mismo se humille, esto parece ser lo más difícil, por eso está como primer requisito para un avivamiento. Cumplido este requisito los demás resultan más fáciles, si no se cumple con este requisito de humillación, todo lo demás resulta inútil.
 
A veces oramos: Señor humíllame. Pero Dios no lo hará por nosotros. Dios dice que nosotros tenemos que hacerlo por nosotros mismos, porque Dios u otro podrían humillarnos, pero por dentro nosotros seguiremos sin humillación.
 
A Pedrito la maestra tenía que mandarlo a sentar continuamente porque le gustaba caminar por el salón de clases. Un día la maestra lo tomó por los hombros, y lo removió y lo sentó en su asiento. Al rato la maestra le preguntó al niño: ¿Cómo te sientes Pedrito? A lo que respondió Pedrito: Por fuera sentado, pero por dentro parado. A Pedrito lo humillaron, pero Pedrito no se humilló.
 
La humildad o humillarse a sí mismo es un acto que procede de nuestro interior y es voluntario. Si uno no escoge humillase a sí mismo pueden humillarlo hasta el polvo, pero todavía queda tan orgulloso como un pavo real. Este es el primer requisito, la primera condición que Dios exige: humillación. Someternos a Dios, a su Palabra, a su autoridad. La misma Palabra de Dios a la cual tenemos que someternos, dice: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos…” (Hebreos 13:17). También dice: “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Efesios 5:21).
 
Humillarse o ser humilde es una virtud que resulta del reconocimiento de nuestra necesidad, de nuestra insuficiencia. Para esto tendremos la ayuda y el socorro del Señor, pues Dios “da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). Dice la Biblia: “Mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir despojos con los soberbios” (Proverbios 16:19).
 
Todas las virtudes de Cristo son maravillosas, pero la que más me conmueve es su humildad. “El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse; sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:6-9).
 
Sí amados, “porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos” (Salmo 138:6). El humillarse es pues el primer requisito divino para un verdadero avivamiento.
 
2. “Y ORAREN”
 
El segundo requisito es ORAR, pero no es cualquier oración, es la oración después de la humillación. La humillación abre la puerta a la verdadera oración, orar sin humillación acarrea mayor condenación. El Fariseo del pasaje bíblico oraba sin humillarse y no fue justificado (Lucas 18:10-14).
 
De Cristo la Biblia dice que “en los días de su carne (que son los días de su humillación), ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas” (Hebreos 5:7), y dice también que Cristo “estando en agonía (en el Getsemaní), oraba más intensamente” (Lucas 22:44). Cristo oraba con agonía e intensamente, y fue esta clase de oración que hizo posible el calvario, es esta la clase de oración que hará posible un genuino avivamiento.
 
La oración con agonía y humillación es el arma más poderosa que tiene la Iglesia. Hoy día hay muchas iglesias, hay mucha organización, mucha planificación, mucha legislación, mucha elección, mucha preparación, mucha promoción, mucha diversión, y hasta mucha indigestión, pero muy muy poca oración con humillación.
 
Pidamos a Dios que levante hombres y mujeres, predicadores y laicos que oren con agonía y en humillación. Cuando sepamos cómo humillarnos, cómo agonizar en la oración, habrá un verdadero avivamiento.
 
3. “Y BUSCAREN MI ROSTRO”
 
El tercer requisito que Dios exige es BUSCAR SU ROSTRO. Buscar el rostro de Dios va mucho más allá que orar. Buscar el rostro de Dios es tener y mantener perfecta comunión con Dios, es entrar en el lugar santísimo, es esperar en Dios, permanecer en su presencia, contemplar su hermosura, saturarnos de su gloria y entonces, “nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).
 
El buscar y encontrar el rostro de Dios no se logra a la carrera, requiere tiempo, dedicación y diligencia. Es el tercer requisito para un verdadero avivamiento. “Bueno es Jehová a los que en Él esperan, al alma que le busca” (Lamentaciones 3:25).
 
4. “Y SE CONVIRTIEREN DE SUS MALOS CAMINOS”
 
El cuarto requisito para un genuino avivamiento es que ABANDONEN SUS MALOS CAMINOS. ¿Malos caminos? Siempre pensamos en los malos caminos de los de afuera: del alcohólico, del narcómano, del adultero, del asesino, del ladrón. Pero aquí habla de los malos caminos del pueblo de Dios. Los obstáculos para un verdadero avivamiento no están fuera de la Iglesia, nunca han estado fuera de la Iglesia, están adentro. No tenemos tiempo ni espacio para mencionar todos los malos caminos que pueden existir en el pueblo de Dios. Pero cuando nos humillamos en la presencia de Dios, cuando oramos con agonía, cuando buscamos y encontramos el rostro de Dios entonces nos es fácil ver y abandonar los malos caminos. Cuando una persona se justifica y dice que no tiene ningún mal camino, ninguna falta, está diciendo cuán lejos está de Dios. Mientras más nos allegamos a la santidad de Dios y a su divino rostro mejor nos damos cuenta de nuestra bajeza y de nuestra indignidad.
 
Amados, y después que nosotros damos esos cuatro casos que: nos humillamos, oramos, buscamos el rostro de Dios, y abandonamos todo mal camino; entonces y, solamente entonces, Dios oirá desde los cielos, pues, “al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17). Dios no oye toda oración, Dios no oye pecadores, muchas oraciones no pasan del techo del templo o de la casa.
 
Entonces, y solamente entonces, Dios perdonará el pecado, el pecado de la Iglesia, el pecado oculto que sale a la luz, que es confesado y abandonado. Entonces, y solamente entonces, Dios sanará nuestra tierra. Esto de que Dios sanará nuestra tierra está incluida aquí la Iglesia y toda la nación en todas sus esferas, habrá un verdadero avivamiento, un derramamiento del Espíritu Santo que afectará en forma bienhechora a toda la nación, a todas las instituciones desde la más alta magistratura de la nación, hasta el más modesto ciudadano, desde el más elevado centro académico hasta el analfabeta.
 
Con un mundo que está agonizando, azotado por la crisis moral más horrenda de su historia, con el hogar y la familia desquebrajada, con la alarmante ola de asaltos, robos, incendios, crímenes, con la inmoralidad, el sexualismo rampante. Por eso, es imperativo que el pueblo de Dios se humille, ore, busque el rostro de Dios, abandone sus malos caminos para que Dios sane la tierra de tanta villanía. La responsabilidad es del pueblo de Dios, dijo Cristo: “Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo…” (Mateo 5:13-14).
 
El remedio seguro para un mundo en crisis y una civilización decadente está precisamente en las manos de la Iglesia de Cristo. El camino único, para un verdadero avivamiento sin veleidades, sin embelesos, sin simulaciones e imitaciones, está señalado. “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).
 
Invito a todos a los lectores en el nombre del Señor, sean convertidos o inconversos, a humillarnos, a arrodillarnos ahora en la presencia de Dios, a quebrantar nuestro corazón, a buscar el rostro de Dios, a abandonar todo mal camino para que Dios nos oiga, nos perdone y nos dé un poderoso avivamiento, un glorioso derramamiento del Espíritu Santo en nuestra vida, en nuestra Iglesia, en nuestra comunidad, en nuestra nación. Amén.

Antes que el día decline

 
Rev. Luis M. Ortiz
 
La misión de la iglesia son las misiones. Su tarea suprema es la evangelización.
 
Únicamente para esto ha sido dejada en el mundo, empero no significa convertir al mundo, pues esto no se logrará en esta dispensación. No se nos ha ordenado a traer el mundo a Cristo, sino más bien a traer a Cristo al mundo. Puesto que esta es nuestra encomienda, jamás deberíamos desviarnos hacia menores metas y proyectos secundarios.
 
Permitamos que la Iglesia utilice todos sus hombres y sus miedos en la tarea para la cual ha sido comisionada, esto es, “que el arrepentimiento y el perdón de pecados sea predicado en Su nombre en todas las naciones” (Marcos 16:15).
 
Jesús dijo: “Me seréis testigos” (Hechos 1:8). Esa es la responsabilidad de cada creyente. ¡Cada creyente es un testigo! Cada cristiano tiene la responsabilidad de hacer trabajo evangelístico y esa responsabilidad no tiene límites. Todo cristiano debe estar siempre listo para dar su testimonio en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Cada cristiano tiene la responsabilidad de hacer llegar el Evangelio a todo el mundo. Quien no pueda ir personalmente, tiene que enviar a otro en su lugar. Y es aquí donde el creyente ha fallado: que al no ir tampoco ha enviado a otro en su lugar, y por eso, más de la mitad de la población del mundo, jamás ha oído el Evangelio.
 
Es evidente que estamos en el final del tiempo señalado a la Iglesia por el Señor para el cumplimiento de su tarea, y el trabajo que debió haber sido hecho a través de los siglos, ahora hay que acelerarlo antes que el día decline del todo.
 
Este espíritu de urgencia es el que nos anima a ir por todo el vasto mundo llevando el mensaje de salvación, y es el que nos mueve a llamar al corazón del pueblo de Dios, para que todos nos percatemos de las sombras de la noche que ya se avecinan, y aprovecharemos el breve tiempo que nos resta para realizar la más grandiosa labor de la historia en el más corto tiempo posible. “La noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4).
 
Si su corazón late con más intensidad al pensar en los centenares de millones de vidas en el mundo que aún no han conocido camino de paz, que sus veredas son torcidas, que han esperado luz y no tienen luz, que palpan la pared como ciegos, que tropiezan al mediodía como de noche, que gimen lastimeramente como palomas, que han esperado salvación y aún está lejos (tan lejos como esté usted); y si el Espíritu Santo le impele a usar el máximo de sus recursos en un esfuerzo misionero, entonces yo le exhorto a cooperar en estos modestos esfuerzos del Movimiento Misionero Mundial, y participe en este avance final para ganar almas para Cristo antes que el día decline.

CONVENCIÓN NACIONAL DEL MOVIMIENTO MISIONERO MUNDIAL EN COLOMBIA 2012 – CUARTO SERVICIO

TEMA: JEHOVÁ CUMPLIRÁ SU PROPÓSITO EN MI. PREDICADOR: REVERENDO DAVID ECHALAR. DEL 9 AL 13 DE ENERO DEL PRESENTE AÑO SE CELEBRÓ LA CONVENCIÓN NACIONAL DEL MOVIMIENTO MISIONERO MUNDIAL EN COLOMBIA, ESTE AÑO SE ESTA TRABAJANDO BAJO EL LEMA SOMETIMIENTO 2012.
 
 

El Ofrecimiento Voluntario

 
Rev. Alberto Ortega
 
“Tras éste, Amasías hijo de Zicri, el cual se había ofrecido voluntariamente a Jehová, y con él doscientos hombres valientes.” 2 Crónicas 17:16.
 
El rey Josafat fue un hombre clave en el reino de Judá. Su triunfo fue tanto interno como externo, es decir, dentro y fuera de sus fronteras. Primeramente se ocupó de la seguridad física de sus súbditos: “Puso ejércitos en todas las ciudades fortificadas de Judá, y colocó gente de guarnición en tierra de Judá, y asimismo en las ciudades de Efraín que su padre Asa había tomado.” (2 Crónicas 17:2).
 
Luego, le dio prioridad a la restauración espiritual de la nación, un proceso que Josafat inició por medio de su propio ejemplo: “Y Jehová estuvo con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de David su padre” (2 Crónicas 17:3).
 
Cuando consideremos la vida de Josafat, vemos una persona con proyecciones claras, con visión, éxito y victoria. Pero, detrás de cada persona que reúne tales cualidades, siempre hay otras vidas que se unieron a ella, e hicieron posibles esos logros. Estas personas, tras bastidores, se entregaron a los propósitos de Dios, y por ende, fueron útiles en el entorno del liderazgo que los presidia. Estos hombres ocuparon unas posiciones claves en la defensa, en el progreso, y en la bendición del reino al lado del que los lideraba.
 
A veces, pensamos que el poderío económico es la clave del éxito, aunque indudablemente, toda Obra necesita fondos para crecer y expandirse. Sin embargo, después de la insustituible presencia y la bendición de Dios, la clave del éxito estriba en la calidad de los hombres que están integrados dentro de la Obra.
 
Aquellos hombres eran conocidos tantos por los rangos que ocupaban en el seno del ejército, como también por sus cualidades morales. Por ejemplo Adnas, era general; Johanán, era jefe; Eliada, era un hombre muy valeroso. Pero cuando las Escrituras mencionan a Amasías, estas indican que aquel: “se había ofrecido voluntariamente a Jehová, y con él doscientos mil hombres valientes” (2 Crónicas 17:16). Amasías es conocido en el registro bíblico como el hombre del ofrecimiento voluntario, dicho de otra manera, nadie le sugirió, le obligó, le suplicó, ni lo forzó, sino que él se ofreció voluntariamente a Jehová. Este ofrecimiento a Dios lo llevó, junto con otros hombres, a las más altas esferas del liderazgo cercano al rey.
 
Amasías no ofreció a Jehová para obtener un rango o una posición, sino que su ofrecimiento fue una entrega simple e incondicional a Dios, y para lo que el Señor dispusiera con su vida. Este tipo de entrega hace que Dios se agrade de una persona, disponga de ella, la forme, haga planes con ella; y luego la ubique en el lugar donde todos los que están envueltos en un mover específico de Dios la consideren y le encarguen una labor concreta.
 
Pese a esto, el alcance que tuvo Amasías no termina ahí. En efecto, leemos: “y con él doscientos mil hombres valientes.” Esto significa que su ejemplo motivó, influenció e inspiró a otros doscientos mil hombres. Es que el ofrecimiento voluntario es una semilla que produce a su vez otros ofrecimientos voluntarios, y otras entregas incondicionales.
 
Amados, Dios sigue motivando, llamando a otros Amasías para estos días… ¿Acaso serás tú uno de los que se entreguen voluntariamente en las manos del Señor para estos días? ¿Te ofreciste voluntariamente, pero te volviste hacia atrás? ¿Por qué no renuevas hoy tu ofrecimiento voluntario? Dios está contando contigo para tu iglesia local o para Su obra. Levanta en este instante una oración al Dios del cielo, ofrécete voluntariamente a fin de que Él te tome en Sus benditas manos. Amén.